martes, 24 de mayo de 2011

Entrevista
Tristán Altagracia
"Quizás inmolarse de poesía no sea tan malo"

Por Andrés Pulgar




A poco más de un año del fallecimiento del poeta Tristán Altagracia  reproducimos una de las varias conversaciones que sostuve con él en la casa del faro ebrio, así llamábamos en ese tiempo al hogar de mis padres por un farol del jardín que parecía haber desembarcado hace poco de la ciudad prometida de la embriaguez. Conversaciones en  las cuales saludaba con su copa en alto la luz de estrellas que habían muerto hace milenios  y presentía  que  se acercaba el inevitable  segundo de navegar de la noche a la mañana sin tener un rumbo fijo.


¿Sabes? Me dice Tristán - tengo ganas de ver nuevamente Casa Blanca. En mi época todos quisimos ser el Humphrey Bogart que buscaba por las calles a su Ingrid Bergman.

- ¿Y tú lograste encontrar a la tuya? ¿O eran escasas las Ingrid por esos años?

Bueno, en realidad siempre han sido escasas. Pero yo creo que mi verdadera Ingrid Bergman fue  y ha sido siempre la poesía. Me he alejado de ella pero siempre acabo volviendo como al primer amor. ¿Así dice el tango no?


Algo así es. Pero volviendo a Casa Blanca; ¿No crees tú que hay muchos Humphrey Bogart persiguiendo a esa niña difícil que es la poesía?

Siempre las niñas lindas han tenido muchos pretendientes, pero  la poesía es distinta.
También hay que pensar que existen muchos aprendices de brujos tratando de sacar palomas de su sombrero de paja. Aunque para alcanzar la verdadera poesía ( o la estrella de la poesía como hablábamos hace poco) creo que  se requiere de trabajo y  de  algo más que suerte o  contactos políticos, gubernamentales o de cualquier tipo. He visto a mucha gente, algunos con talento y otros no tanto, desperdiciar sus vidas tratando de jugar al artista maldito, al vidente, jugando a ser Rimbau. Y eso los aniquila, los destruye. Es peligroso jugar con fuego, te puedes terminar quemando a lo bonzo y yo he visto calcinarse muchas estrellas.  También están los otros; los más cómodos, los vivos por así decirlo, que sacan provecho de todo tipo de circunstancias y ven a la poesía,  o a la cultura, como un negocio. Ellos son más bien mercaderes que sólo buscan algunos pesos o algún puestito  que sustente a sus cercanos y, si, quizás esté bien. Pero no tienen más que cobardía en las venas y un artista, un poeta en mi caso, no puede tener miedo. Si tuviese que pertenecer  a uno de estos grupos te diría que siempre mi corazón estará con el primero. Quizás inmolarse, de poesía sobretodo, no sea tan malo.

¿Y dónde estará la clave para llegar a la poesía, existirá algúna?

Bueno, Mcluhan decía que el mensaje es el medio. Pero es necesario romper las barreras. Eso es lo que hizo Vallejo en Trilce o en los Poemas Humanos o T.S. Elliot en “La Tierra Baldía”.
El Pepe Cuevas, un poeta de los sesentas al igual que yo, piensa que ésa es la gran envidia que se le tiene a Zurita, es decir, él pudo romper la barrera idiomática y sintáctica en sus dos primeros libros. Hizo rascacielos en un barrio que estaba  lleno de mediaguas, y eso no es perdonable para los funcionarios de la poesía. Pero podríamos decir que la poesía está mas cerca de lo que pensamos, casi como la muerte, es asunto más bien de encontrar el relatante adecuado.

A propósito de la muerte, ¿te sientes preparado para ponerte ese abrigo?

¿El abrigo de la muerte? Suena bien, el paletó de madera decían los antiguos. Yo de la muerte he tenido conciencia desde siempre y ese pensamiento me instiga a seguir desarrollando mi propuesta artística que es lo único que me mantiene aún en pie. Aún en pie mentalmente digo porque tengo también el afecto de mis hijos y la gente cercana. Quizás la muerte de ellos sería algo realmente traumático para mí.  Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, es un gran verso de Cesare Pavese que puede resumir lo que te he dicho. Aunque la muerte no me asusta, al contrario, le pertenecemos y estamos de paso. Lo importante es hacerse cargo  de nuestro tiempo antes que él se hago cargo de nosotros.   

La Serena, Julio de 2006.-

Entrevista publicada en la revista Añañuca Nº 212 de Septiembre de 2007





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