Los círculos de poesía de la región de coquimbo no son más que grupos de estatuas tratando de tallar un poema al viento se esconden bajo los techos y no son capaces de romper los muros del egocentrismo y vanidad; se leen entre ellos, se comentan entre ellos, se alaban entre ellos, incluso se aplauden entre ellos; se creen pequeños dioses y el más vivo procura actuar como maestro creando antologías para poetas colgados poetas muertos en esta sociedad de vivos.
Los circulos vacíos siguen por los siglos de los siglos forjando libros, libros, libros, libros, libros, libros,
Pero no todo es tan malo amigos, el norte del país cobija a varios escritores gigantes, verdaderos poetas que no tienen más intención que vomitar al viento sus creaciones y se van, se van lejos dejando huellas y muchas veces cicatrices en la memoria de sus lectores.
Patricia Ardiles

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